MI PRIMERA EXPERIENCIA
Hace
10 años, cuando contaba 30 años de edad, me era muy difícil conseguir tener
relaciones con personas de mi mismo sexo. No porque no lo deseara, sino porque
me embargaba mucho miedo y vergüenza. Razón por la cual, siempre buscaba paliar
esta situación a través de las películas porno.
Se
podría afirmar que mi primer amante fue John Holmes y otros actores pornos de
la gran pantalla. Al principio iba al Cine Central, cerca de
Al
principio éramos una parranda de hombres vacilándonos una tiradera en pantalla,
pero un tiempo después me di cuenta que la acción no solo se perpetraba en la
pantalla sino que también sucedían cosas en las butacas.
Sólo
se veían inicialmente personas masturbándose, después alguno que le metía mano
a otro y finalmente, después de mucho tiempo, se comenzó a practicar sexo oral
"in situ". Por supuesto mis miedos no me permitían participar en
tales acciones; sin embargo, siempre estaba pendiente de observar cualquier
movimiento raro, a mi alrededor, para vacilármelo en
silencio.
Un
día me dije: "chamo es hora de que dejes la soquetadas y participes aunque
sea metiendo mano". Claro está, sentía unos deseos terribles, pero al
final el miedo y la desconfianza me paralizaban. Siempre me decía: "Chamo,
no hay nada que valga la pena y el riesgo, si vas a pecar hazlo con un carajo
que realmente justifique el riesgo". Así fue como una tarde que el cine se
encontraba full de personas, los tipos iban y venían por los pasillos, entraban
al baño, salían, volvían a pasear por lo pasillos, etc; entonces vi, entre la
oscuridad del cine, al hombre más interesante que se podía uno imaginar que
fuera a ese lugar. Por supuesto era un oso. Se trataba de un tipo de estatura
media (presumo que
Raudo,
y con la determinación de que ese si era un buen ejemplar, me levanté y caminé
por los pasillos buscando el sitio exacto donde él estaba sentado.
Tuve
tan buena suerte, que a pesar de lo lleno que estaba el cine, había un puesto
desocupado a la derecha de este ejemplar.
Una
vez apoltronado a su derecha como todo un macho tranquilo, se inició el cortejo
más extraño y "sui generis" que alguien se pueda imaginar. Primero
comencé rozando su pierna como el que no quiere la cosa. Lo hice una, dos, tres
veces, muchas veces. Me di cuenta que ante los tropezones no manifestaba ningún
rechazo, por lo que dejé mi pierna en constante contacto con la suya. Luego posé
mi mano sobre mi pierna y la fui deslizando suavemente hasta entrar en contacto
con la suya. Realicé varios toquesitos y entonces la gloria: Comenzó a
presionar su pierna contra la mía como gato consentido. Con este gesto sabía
que estaba en mi misma onda. Mi mano comenzó a desplazarse por todo su muslo,
un roble duro, bien formado. Como pude acaricié su brazo velludo, también muy
fuerte.
La
contextura de él era fuerte pero no fibrosa, musculosa pero con ese toquesito
de grasa muy bien distribuida que le da una sensación de "Churrasco
llanero", mas apetitoso aún. Mi mano (gélida y temblorosa) pronto se posó
sobre el bulto de la entrepierna. Quizá mi emoción, nervios o lo que sea, hizo
sentir en mi mano aquel volumen que plenaba toda mi palma. Pronto y casi con
desesperación
intenté bajar el cierre de su pantalón, en verdad se me hacía difícil bajarlo,
fue entonces cuando él en un acto de suma consideración lo abrió y se sentó de
tal manera que me fue muy fácil meter mi mano dentro del pantalón y tocar por
vez primera el pene de alguien.
En
verdad fue la gloria, aquel pene era grueso, grande y muy suave. Lo palpé con
nervio y mucha curiosidad. Recorrí desde el inmenso glande hasta los
testículos, que con pasmosa habilidad había podido brotarlos a través del
cierre. Acaricié una vena muy gruesa que cruzaba parte de su miembro. El
levantó su brazo para que yo colocara el mío por debajo de su axila y así
facilitar mi contacto. Fui recorriendo cada centímetro del pene, palpando el
grosor que me impedía que las puntas de mis dedos se unieran. La piel recorría
suavemente todo aquel volumen irregular. A ratos levantaba mi mano y tocaba su
fuerte pectoral.
Estabamos
tan juntos que todo su cuerpo emanaba un perfume ligeramente ácido que me
excitaba cada vez más. Su respiración se hacía diferente a medida que movía mi
mano rítmicamente a lo largo de aquel monumento. De pronto me susurra al oído:
"Vamos a un hotel". En aquel momento se me fueron los tiempos, miedo
y excitación se mezclaba y no podía decidir. El cuerpo me pedía a gritos que le
dijera que si, pero la razón me decía que no.
-
¿A un hotel? - le pregunté.
-
Si a la vuelta de la esquina hay uno.
-
¿Y… no es peligroso? - interrogué de nuevo.
- No vale, para nada - me respondió.
Dudé por mucho rato. En verdad estaba aterrado.
Pensaba: ¿y si después me asaltan, y si es una trampa, y si está enfermo?, ¿y
si quiere mas que una mamadita?. Pero como les digo, a
veces la carne manda sobre la razón, entonces le dije que si…
Nos
encontramos a la salida del cine.
Señores,
el tipo estaba mejor de lo que se veía con la escasa luz del cine. Era un tipo
de aproximadamente 37 años, totalmente velludo. Ese vello que es suave y no tan
abundante, pero que cubre todo el cuerpo. Tenía una cara muy agradable, una
sonrisa realmente hermosa.
-
Mucho gusto de nuevo, me llamo Antonio - le mentí.
-
Igual, me llamo Guillermo.
-
¿Es seguro el hotel ese? - pregunté.
-
Si vale, ya vas a ver.
Llegamos
a un hotelucho del centro, mas feo que pegarle a la
madre. Nos dieron una habitación y una vez en ella: Ayyyyy Dios mío!!!!!!, mi primera vez sería inolvidable.
Cuando
cerré la puerta, él estaba muy cerca de mi, me voltié y lo primero que hicimos
fue besarnos profundamente. Sentir su fuerza, su calor, su olor fue una
experiencia fascinante. Sentir aquella barba cuidada y suave en mi cara. Nunca
antes había besado a un hombre y pude descubrir lo excitante que era. Con pasos
cortos nos fuimos acercando a la orilla de la cama. Yo estaba desesperado por
ver aquel cuerpo desnudo; sin embargo, me contuve y él solo se quitó la
franela.
Verga…
su pecho era velludo como sus brazos. Un vello suave, adherido al cuerpo,
hermoso por demás. Lo abracé y besé cada palmo de su pecho. Mis labios al
contacto con sus tetillas me hacían sentir una pequeña corriente eléctrica.
Quería acelerar las cosas y a la vez ir muy lentamente. Yo me apresuré y me
quité la camisa y el pantalón quedando en interiores.
El
se acostó, después de lo cual se quitó los pantalones sobre la cama. Yo le
guindé su ropa en un perchero que tiene la habitación. Me pidió que prendiera
Me
terminé de desnudar y me abalancé sobre él.
Besé
su cuerpo, su cuello. El roce de sus tetillas en mis labios me volvía loco; fui
bajando por su pecho, su abdomen, hasta llegar a su miembro. Debo confesar que
me daba mucho miedo, nunca había mamado uno y no sabía si lo haría bien (del
riesgo por cualquier enfermedad ni me acordaba)…
Lo
masturbé un momento y cuando lo sentí bien duro, me lo introduje en la boca
lentamente. Que placer!!!. Sabía muy bien. Un hilito
de lubricante le salió y se mezcló con mi saliva dando la posibilidad de
recorrer su pene con mucha facilidad y placer. Hice girar su miembro alrededor
de mi cavidad bucal y lengua, acción que sabía el placer que causaba ya que, en
una oportunidad, una novia me lo había hecho. En ese instante gimió con mucho
placer lo que me dio confianza en seguir experimentando. Luego llevé su pene a
lo más profundo que pude dentro de mi garganta (en verdad casi vomito) y empecé
a realizar movimientos como para tragar. Siento que esa última acción lo terminó de volver loco, ya que
gemía con mucha fuerza y sentía que su pene se hinchaba aún más en mi boca.
Lo
succioné con más fuerza y mas, y más, hasta que un
chorro de leche tibia me explotó en la boca. Yo no me lo pude tragar, sino que
dejé que toda ella saliera de mi boca al tiempo que lo masturbaba con frenesí. Su
cuerpo se contorsionaba dejando ver sus grandes músculos que se tensaban en sus
piernas, brazos y pecho; gemía con tanto placer que en lo que lo abracé y mi
pene entró en contacto con su cuerpo, sin ninguna manipulación y al observar a
este macho con los ojos cerrados del placer… yo también acabé en el acto.
Después
que eyaculé me sentí muy nervioso, comenzaron los estúpidos remordimientos,
miedos, temores. Conversé un ratico, pero inmediatamente me vestí y nos fuimos.
Me
dio un teléfono y nunca lo llamé. Han transcurrido diez años, mis experiencias
han aumentado y todavía recuerdo a Guillermo, el tipo mas
sabroso que me he podido encontrar en la vida y que dejé escapar…
Fin.-