TODO QUEDA EN FAMILIA
Desde hace algunos años, tuve la maravillosa
oportunidad de conocer a un tío de mi esposa; un hombre que me despertó
especial atracción pues coincidía exactamente con mis preferencias: maduro de
52 años, de tipo europeo, gordo de unos
Puedo decir que siempre ha existido buena química
con él y nos hemos llevado muy bien, incluso en ocasiones en que nos tomamos
algunos tragos me ha demostrado especial afecto, al punto de darme algún abrazo
amistoso o poner su mano en mi hombro, lo cual disfruto como no puede
imaginarse nadie y con las ganas de que no deje de tocarme para continuar
sintiendo ese calor de su piel en la mía. Sin embargo, al finalizar esos tan
agradables ratos, al no suceder nada más... debía terminar masturbándome con
divinas fantasías en las que el protagonista era el tío.
Así pasaron varios años hasta un día en que yo
estaba pasando por el frente de su casa sin ningún plan en concreto, y decidí
tocar la puerta y entrar con la excusa de saludarle. Por suerte, se encontraba
solo viendo televisión, y nos pusimos a conversar frente al televisor. Me
invitó un trago, que por supuesto acepté. Después de un rato noté que de vez en
cuando me miraba discretamente de reojo a la vez que con cierta malicia se
acomodaba aquel bulto que cada vez se veía más grande. Yo estaba algo nervioso
y mi ritmo cardíaco aumentaba a la vez que sentía un cosquilleo en mi estómago
y un creciente palpitar en mi ano, pues nunca antes había estado en esa
situación con él; con ganas de brincarle encima, pero al mismo tiempo no
atreverme a hacerlo, pues podría estar yo equivocado.
De pronto se levantó a buscar dos tragos y al tomar
mi vaso me agarró la mano con algo de disimulo; luego al traerme el trago se
colocó a mis espaldas y pasó su brazo por encima de mi hombro dejándome sentir
su respiración en mi cuello. Eso fue letal para mi y
no pude contenerme y acariciar su mano velluda al tomar el vaso. Ya era
evidente, no teníamos nada que esconder y en ese momento comenzó a meter su
otra mano por la abertura de mi camisa acariciando mi pecho y masajeando
suavemente mis tetillas mientras hacía pasar sus bigotes por mi cuello y
orejas, que luego empezó a morder y a acariciar con su lengua. Allí me volteé
atrapando sus gruesos bigotes y su boca con mis labios sedientos de sexo y
solté mi vaso para ponerme de pie y entonces abrazarlo de frente. Nos
comenzamos a besar como tanto lo había deseado en mis fantasías; sentía su
lengua moviéndose dentro de mi boca y de allí le fui abriendo su camisa botón a
botón mientras él se desabrochaba su pantalón que repentinamente calló al
suelo, quedando expuesto a mi vista aquel impresionante bulto que sus
interiores no eran capaces de ocultar. Terminé de quitarle su camisa y estaba
ante mi, aquella imagen de macho lleno de pelos y
canas desde el cuello hasta los pies. Comencé a acariciar y disfrutar de ese
pecho peludo que tanto me excita y fui bajando mis manos hasta tocar el premio
que deseaba y que se encontraba dentro del interior. Pude palparlo entre mis
manos; sentir su grosor y su calor, y luego le saqué el interior completamente
y me agaché ante él para besárselo y mamarlo e introducirlo completamente en mi
boca hasta tocar mi garganta. Es imposible describir el disfrute que sentía
chupándolo y metiéndolo y sacándolo de mi boca.
Después me levanté y terminé de desvestirme. Continuaba
disfrutando al pasar mis manos por su pecho. Comencé a chupar sus tetillas
mientras él con su dedo húmedo en saliva masajeaba mi ano e iba introduciéndolo
poco a poco. Luego lo sacó, y con la ayuda de un poco de crema lubricante lo
introdujo de nuevo y luego fueron dos y hasta tres, mientras los movía dentro
de mi. Ya casi gritaba de excitación. Yo mordía su
pecho, besaba su boca, agarraba sus nalgas, sus piernas peludas y su barriga
mientras desesperadamente pasaba mi lengua y mi cara por su pecho.
Nuevamente fui bajando mi boca y al llegar a su
cintura me sorprendió al voltearse y decirme que chupara su ano y le metiera la
lengua; que lo hiciera volar de excitación. Luego le pasaba mi barbilla que
estaba sin afeitar y lo raspaba con los bellos de mi cara, mientras con mi mano
lo masturbaba disfrutando de aquel impresionante güevo de 20 cms., de cabeza
muy roja, grande y esponjosa.
Me dijo: “Quiero cojerte, quiero que sientas un
macho dentro de ti como yo sé que siempre lo has deseado desde que nos
conocemos. Lo sé porque yo también lo he deseado”. Entonces me acosté boca arriba
y abrí mis piernas para presentarle mi culo y le dije que era todo suyo. Se
arrodilló frente a mi y colocó la cabeza ardiente de
su pene justo tocando mi ano y comenzó a introducirlo poco a poco con una
maestría inigualable. Después lo sacó un poco y lo volvió a introducir un poco
más profundo. Así lo hizo un par de veces hasta que lo introdujo completamente
haciéndome sentir el roce de sus vellos con mis nalgas y sobre todo aquel
gigantesco palomón dentro de mi. Comenzó a sacarlo y
meterlo bombeando cada vez mas fuerte mientras yo disfrutaba aquellas
arremetidas de toda la fuerza de su güevo contra mi culo. Yo le pedí que diera mas y mas mientras con mis manos apretaba su pecho y él con
sus grandes manos me apretaba las piernas. Yo sentía que me iba a reventar por
dentro y allí comenzó a dar unos fuertes y roncos gritos mientras yo sentía que
su miembro se dilataba una y otra vez dentro de mí al derramar toda su leche
caliente. El comenzó a masturbarme y sin tardar mucho me hizo acabar a chorros
que cayeron en su pecho peludo. Que exquisito fue eyacular con su paloma dentro
de mi culo; es indescriptible.
Luego, al ver aquel pecho peludo mojado con mi
propia leche, comencé a pasar mi lengua y a saborearla hasta que él atrapó mi
boca con sus labios. Nos volvimos a besar largamente y en un abrazo me frotaba
mi pecho contra el suyo y luego se acostó sobre mí abrazándome con gran
ternura. Yo sentía la calidez de su cuerpo que me abrigaba y me consentía, y
así nos quedamos completamente relajados.
Al pasar un rato así, comenzó nuevamente a pasar su
lengua por mis orejas, a besar mi cuello y bajando lentamente besó, chupó y
mordió mi pecho que raspaba y pinchaba con sus gruesos bigotes. Yo también
comencé a acariciar su cabeza y a pasar mi lengua por su cuello y en muy poco
tiempo ya estábamos los dos experimentando una nueva erección. El continuó
bajando y comenzó a mamar mi güevo; a succionarlo, a lamerlo como si fuese un
exquisito helado disfrutando de los residuos de leche que quedaban. Sentía que
me lo quemaba con el calor de su boca. Me hizo poner de rodillas “en cuatro”, y
tomando un tubo de leche condensada, comenzó a derramarla por mis nalgas y
después sobre mi ano para entonces pasar su lengua por él y después
introducirla moviéndola rápidamente para excitarme y hacerme sentir los
pinchazos de sus bigotes ricos. Allí se volteó y colocándose de rodillas me
dijo: “Ahora mételo tú, quiero ser tuyo, que me disfrutes y sientas como mi
culo te quema”. Allí me coloqué a sus espaldas y comencé a penetrarlo poco a
poco mientras apretaba sus hombros con mis manos y acariciaba su espalda. Recuerdo
que me decía que le diera duro mientras se erguía y movía el culo en forma
circular.
Lo abracé y con mis manos, apretaba su pecho, y le
daba y le daba hasta que no aguanté más y le acabé adentro. Allí comencé a
masturbarlo con mi güevo dentro de él, hasta hacerlo acabar sintiendo como al
hacerlo tenía contracciones de su ano que apretaban mi güevo. Luego se terminó
de acostar en el piso boca abajo y yo sobre él besando su cuello y haciendo
caricias sobre su espalda, para luego colocarse baca arriba y culminar en un
fuerte y apasionado beso.
Desde entonces, cuando descubrimos la verdadera
química que había entre ambos, no desperdiciamos el momento en que podamos
estar juntos y repetir estos encuentros tan placenteros en una ardiente
intimidad que nadie puede imaginar, pero es real y siempre repetible...
Fin.-